jueves, febrero 24, 2005

TRAUMAS INFANTILES

Hoy, no sé muy bien cómo, empecé a traer a mi mente algunos recuerdos de la infancia.
¡Oh, infancia! Ese lejano y maravilloso país lleno de fantasía e ilusión... ¿Alguien vivió allí? Yo no.
Uno de los primeros recuerdos que tuve fue el miedo que me provocaban los Reyes Magos. Todos los cinco de enero yo era presa de un miedo terrible. Una amiga mía, Gabriela, me juraba y perjuraba que había visto a Melchor. ¿Por qué tuvo que decirme eso? A partir de ahí empecé a tener miedo a despertarme en medio de la noche y ver un negro vestido de seda atravesando el pasillo de mi casa rumbo a mis zapatos... Por no hablar del pánico que me generaba la idea de ver entre los postigos de la ventana la amenazadora mirada de un camello.
De ahí mi mente viajó a la lata de Nesquik. Sí, esa lata que era mi perdición y que estaba ahí, en el armario de la cocina, incitándome a abordarla con una cuchara sopera. Pero lo que me traumó no fue la lata, sino mi padre. Una vez, en vaciones, el ridículo de mi padre, que siempre ha tenido complejo de James Bond, sacó de su bolsillo un papel en el que tenía apuntados mis furtivos encuentros con el conejo de Nesquik... Día y hora... ¿Cómo lo hizo? Todavía no lo sé, pero ahora, cada vez que abro el armario de mi cocina pienso que mi padre puede estar tomando nota de mis movimientos.
Otra cosa que recuerdo de mi infancia y de mi padre es su afición a contarme cuentos por la noche, cuando estaba en casa. En realidad no eran cuentos era "un cuento". Siempre el mismo. Yo, que entonces no sabía qué era el masoquismo, pedía que me lo contara una y otra vez. Él me hablaba de un chico muy pobre, que vivía en un pueblo, y que leía mucho, todos los libros que encontraba. La vida hacía que este niño se fuera del pueblo y pudiera estudiar. Años después, cuando era adulto, él volvía a su lugar de origen y llevaba el tendido eléctrico al pueblo. Ahora me pregunto ¿por qué me contaba este cuento que era más bien para niños ingenieros? porque a mí no me hacía especial ilusión lo del tendido eléctrico... Tal vez a él, a mi padre, sí le hubiese gustado que alguien le contara un cuento así, porque él nació a oscuras, sin luz eléctrica; pero para mí, una niña acostumbrada a hacer un toque y hacer la luz no me motivaba demasiado. El relato terminaba ahí, justo cuando empezaban los delirios de mi padre. Creo yo que él se sentía un poco temeroso, después de contarme el cuento, de que yo tratara de hacer lo mismo: llevar el tendido eléctrico a algún lado. Entonces terminaba la sesión de fantasía con mil y una recomendaciones sobre la importancia de que yo no tocara nada, nunca, que tuviera relación con la electricidad. Y aquí me tienen... casi una treintena de años y no puedo ver cuando alguien cambia una lamparita... porque obvio que yo no lo hago, me lo dijo mi padre.
Pero no todo se lo lleva mi padre, eh, que mi madre tiene su vela en este entierro... Pero bueno, esto lo dejo para otro post.
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miércoles, febrero 23, 2005

EL PUNTO SOBRE LA I

Cosas curiosas me pasan casi siempre. Tengo una especie de imán para atraer personas y situaciones bizarras a mi vida, pero la llegada de un e-mail, hace unas horas, me descolocó por completo.
Resulta que "alguien" que no logro identificar del todo, me escribió a mi correo personal. En su mail me recriminaba, de modo bastante sarcástico, la decadencia en que ha caído el blog, donde cada vez hay menos porducción literaria.
A ver, yo jamás he dicho que sea poeta, eso lo primero. Segundo, que tampoco he declarado que este sea un blog literario o algo así... En resumidas cuentas, escribo lo que me da la gana: si un día me levanto y publico algún poemete mío o me pongo a disertar sobre la vida sexual de las ranas, es decisión mía.
No me siento herida por el comentario de este "alguien", porque no puedo hacerme cargo de las ideas que cualquiera que pasa saca sobre mí, es más, tampoco me interesa hacerlo.
Así que, redondeando, querido alguien, te aclaro que este blog no deja de ser una excusa para encontrarme con amigos y, de vez en cuando, conocer algunas personas interesantes.
Al resto de visitantes: uffff, qué difícil es convivir con esta fama!!!
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sábado, febrero 19, 2005

POC A POC

Como verán, estoy haciendo un esfuerzo notable por desanalfabetizarme en esto de los lenguajes, códigos y tags...
He agregado un apartado con enlaces a otros blogs, que habitualmente leo, para que pasen a conocer, si quieren.
También añadí una sección intitulada "El enlace de la semana", donde pienso poner algún que otro link a sitios diversos y dispares. Así que tal vez los mando a una ciber galería de arte o a un recetario de cocina... Son las pequeñas ventajas de ser la dueña de este blog y de tener el capricho en vena.
Pues eso, que disfruten.
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viernes, febrero 18, 2005

HAUTE CÔTURE

Sigo sin entenderlo.
Siempre he sido una mujer a la que le ha gustado estar medianamente presentable. Aunque en la intimidad del hogar prefiero las pantuflas, tengo reglas de oro que pocas veces quiebro: maquillarme para ir a trabajar, perfumarme, combinar los zapatos con el bolso... Qué sé yo, coquetería femenina.
No obstante esa natural inclinación, hay cosas que no logro entender, por ejemplo: la alta costura.
¿Cómo puede suscitar tal encanto ver esas esqueléticas modelos ataviadas con tres trapos mal cosidos? O esas que van con un trapo que les cubre una teta sí una teta no... Por no hablar de los accesorios: que si un tocado de plumas, un collar hecho con bolas navideñas, alas de mariposa prendidas a la espalda...
Ya sé que todo el mundo dice: "Eso es arte. No es para llevar por la calle, es para exhibirlo" ¿Qué explicación es esa? Es como si alguien dijera. "Esa novela es arte. No es para leerla, es para tenerla en la biblioteca"
Sigo sin entenderlo.
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lunes, febrero 07, 2005

MONO-TEMÁTICA

Y sí... No puedo desprenderme esta semana del tema de los viajes.
Por eso les dejé esas tres canciones. La música y la literatura me han ayudado estos días a salir de la isla.
Empecé a leer "Confesiones de una máscara", de Yukio Mishima, y me fui de viaje a Japón. Estuve recorriendo los pasillos y habitaciones de los estrictos colegios de la aristocracia japonesa; estuve en la casa de Mishima, en la guerra.
Luego tomé un libro de historia del arte, y me recorrí por completo la Capilla Sixtina y, sin extenuar mis cervicales, pude ver los frescos de la cúpula.
El viernes tuve en mis manos lo último de García Márquez, "Memoria de mis putas tristes". Y volví a caminar por los pueblitos colombianos, a sentirme agobiada por el calor del centro de la tierra, a cansar mis ojos de ver tanto verde...

Hoy me desperté y estaba en la isla.
Viva la literatura.
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TRES CANCIONES. LUGARES

Oh, la locura de los que se perdieron en el mar
las vidas rotas por la sangre aquí y allá
no necesito de nada hoy
sólo embriagarme en tu ron
y así perder la razón
y abrazarte una noche más
Oh, la serpiente es al final la inmensidad
la terrible y poderosa soledad
que se adueña del mundo
si no elegimos vivir,
yo querría morir,
morir en La Habana ...

"Habana", Fito Páez.
Ahora el águila tiene su dolencia mayor
Nicaragua le duele, pues le duele el amor
y le duele que el niño, vaya sano a la escuela
porque de esa manera, de justicia y cariño
no se afila su espuela.
"Canción urgente para Nicaragua", Silvio Rodríguez.
He llorado en Vencia,
me he perdido en Manhattan,
he crecido en la Habana,
he sido un paria en París.
México me atormenta,
Buenos Aires me mata,
pero siempre hay un tren
que desemboca en Madrid.
"Yo me bajo en Atocha", Joaquín Sabina.
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miércoles, febrero 02, 2005

VUELVA USTED ¿MAÑANA?

Cuando llegué a España traía en mi valija pocos libros, los más queridos tal vez, y muchos papeles. Llegué a España dispuesta a hacer las cosas bien.
Esperé un par de días, los prudenciales para recuperarme del shock que significa mudarte de país, y fui a extranjería a regularizar mi situación.
Llegué ahí, al mar de gente que es extranjería, y, previa espera de horas, presenté en orden original y duplicado de toda la documentación. La mujer, detrás de su escritorio y sorbiendo café, me miraba con una expresión cínica. Esperó que terminara de sacar todo para decirme: "Esto no es lo que necesitamos". Acto seguido, me entregó una lista de documentación a conseguir. Había que pedir documentos a Argentina, a Italia... Meses de espera.
Lo conseguí. Tenía todo en mis manos. El problema era, en ese momento, conseguir que me recibieran, porque la atención al público había pasado a tener cupo limitado. Pedí cita y, varias semanas después, estuve ahí, a la hora señalada.
Diez minutos más tarde, un señor con gafas enormes, me dijo: " Va a tardar meses".
Mientras salía de la oficina, pensaba que siete meses después, tal vez ocho, estaría sobrevolando, nuevamente, las 20.000 leguas atlánticas rumbo a la Cruz del Sur.
Un año después, hoy, un poco harta de esperar, volví a enfrentarme con el señor de las gafas enormes. Le facilito mis datos, teclea a dos dedos mi nombre, mira el monitor, me mira, mira el monitor... "Está en trámite".


Cuánto me molesta que me pisen los sueños.
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