martes, abril 26, 2005

YO LOS DECLARO...

No salgo del asombro.
Recientemente, el Congreso español aprobó el proyecto de ley que permite el casamiento entre personas del mismo sexo. Y no es por lo bonito del amor que gays y lesbianas quieren casarse (habrá alguno que sí, claro) sino porque es denigrante que, viviendo en un país "primermundista" (ja), se los trate como ciudadanos de segunda, y se les nieguen derechos básicos.
Los miembros del Congreso hicieron eco a los reclamos, pero... la santa sede ha pedido a los funcionarios españoles católicos, que se nieguen a celebrar estas bodas, amparándose en la "objeción de consciencia".
No faltó más. Ya han salido mis buenos amigos del PP a demostrar, una vez más, el estado retrógrado de sus mentes. No tan sólo se han negado varios alcaldes del PP a casar a gays y lesbianas, sino que uno en particular, el alcalde de Pontons (Barcelona) se atrevió a alegar que él no los va a casar porque son "gente tarada".
Todo esto me lleva a pensar lo siguiente:
Que el alcalde en cuestión desayuna whisky.
Que los líderes del PP deberían, de una vez, dejar de jugar con los discursos, frenar este ímpetu facho que varios de sus dirigentes tienen y pedir públicas disculpas.
Que es muy peligroso que la iglesia católica reconozca el derecho canónico como primera ley, porque España es un estado de derecho, y lo que nos rige a los que aquí vivimos es la Constitución y, en consecuencia, el corpus legal.
A esta altura de la historia, me parece patético que todavía exista gente que se crea con el derecho a menospreciar a la gente por sus preferencias a la hora de acostarse con alguien.
En fin, que pudiendo dar un ejemplo de civismo, tolerancia e inteligencia, varios españoles han decidido mostrar la hilacha y dejar ver su peor cara, una cara, que si fuera mía, me avergonzaría.
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sábado, abril 23, 2005

UN SOLDADO DE URBINA


Sospechándose indigno de otra hazaña
Como aquella en el mar, este soldado,
A sórdidos oficios resignado,
Erraba oscuro por su dura España.

Para borrar o mitigar la saña
de lo real, buscaba lo soñado
y le dieron un mágico pasado
los ciclos de Rolando y de Bretaña.

Contemplaría, hundido el sol, el ancho
campo en que dura un resplandor de cobre;
se creía acabado, solo y pobre,

sin saber de qué música era dueño;
atravesando el fondo de algún sueño,
por él ya andaban don Quijote y Sancho.

Jorge Luis Borges. En: "El otro, el mismo"





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miércoles, abril 20, 2005

EL EROTISMO ILUSTRADO (A CO & DAMA, IN MEMORIAM)

"Hipnotismo de un
flagelo
dulce tan dulce...
Cuando el cuerpo
no espera
lo que llaman
amor..."
Gustavo Cerati, en "Canción animal"
"...tus manos
y mis manos
tus bocas
y mis bocas
haciendo calor y senos
y cuerpos
enredando piernas
y animales ebrios..."
Patricia Rodón, "La caída", en "Tango Rock"
"... Se entregaron a la idolatría de sus cuerpos,
al descubrir que los tedios del amor
tenían posibilidades inexploradas,
mucho más ricas que el deseo..."
Gabriel García Márquez, "Cien años de soledad"
"Ah, qué caliente
la piel de una mujer,
la piel que esconde!"
Sute, en "Jaikus"

"...Cuando unas nalgas te sonrían,
no se lo confíes ni a los gatos.
Recuerda que nunca encontrarás
un sitio mejor donde meter
la lengua
que en tu propio bolsillo,
y que vale más
un sexo en la mano
que cien volando..."
Oliverio Girondo, "14", en "Espantapájaros"
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sábado, abril 16, 2005

UN AMOR

Te quiero. No te quiero. Te quiero. No te quiero. Te quiero. No te quiero. Te quiero. No te quiero. Te quiero... No te...

(Lo doloroso no fue si me quisiste o no, sino que mientras lo decías no arrancabas pétalos de margaritas sino pestañas de mis ojos)
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viernes, abril 15, 2005

LAS CALLECITAS DE BUENOS AIRES...

En mi fugaz paso por Baires, leí esto en alguna pared:

El exilio
(Debajo, con otra letra)
Universal

Saquen sus rosarios de nuestros ovarios.
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miércoles, abril 13, 2005

SOLE, EL REGRESO

He vuelto a la isla.
Luego de un merecido viaje a mis pagos, he llegado a Mallorca.
Es raro volver a Argentina y a Mallorca.
He podido hacer muchas cosas, pero han sido menos de las que tenía planeadas. He quedado mal con mucha gente por falta de tiempo y de organización. Es que tomé este viaje de forma tan relajada que iba viviendo las cosas como iban surgiendo... vamos, que dormía donde se me hacía la noche.
La verdad es que han sido días llenos de besos y abrazos, que es lo que me falta cuando estoy en la isla. Fueron días, también, de pensar mucho, a solas, con uno, con muchos. Como suele pasarme, muchos devaneos y pocas certidumbres.

Estuve revolviendo viejos cajones y archivos, releyendo cosas que escribí hace tiempo. Encontré algunos poemas que, por no sé qué causa, no fueron a para al fuego que se llevó al resto. También leí algunos ejemplares de una publicación en la que participé, nada serio pero sí importante, y como leer eso me hizo bien, tomé coraje y me fui a tomar mate con uno de los implicados en el proyecto. Situación rara si las hay, pero, al menos para mí, no dejó de tener la adrenalina que genera encontrarme cara a cara con mi íntimo enemigo, con mi alter ego maldito, con la persona de la que fui literariamente dependiente durante muchos años y muchas cosas más que no voy a escribir.
Mi familia está igual, a excepción de los niños, que han crecido mucho y ya muestran carácter propio. Me reconfortó sentir que esos niños me quieren, porque si algo me ha torturado en estos dos años ha sido pensar que la distancia iba a hacernos perder la confianza y el amor mutuo. Pero no. Parece que tienen razón los que dicen que el amor no tiene distancia.
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VEINTISIETE AÑOS Y UN MES

El 13 de marzo, Javi, cumpliste veintisiete. Debería haberte enviado un presente, como era mi intención, pero no pude.
Llego a mi casa, después de un mes de vacaciones y eres tú, Javi, quien me obsequia palabras, tuyas y de otro.
"No puedes compartir realmente la debilidad de otra persona, ni su miedo, ni su dolor", dice Clive Lewis. Yo lo afirmo, pero me arriesgo a decir que sí podemos entenderlo, más no sea.
Porque tu dolor y mi dolor no son más que distintas formas del amor, digo que podemos entendernos, oírnos, leernos.
Pues eso, Javi, que felices veintisiete y un mes.
Queda pendiente el café en Barcelona.
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