YO LOS DECLARO...
No salgo del asombro.
Recientemente, el Congreso español aprobó el proyecto de ley que permite el casamiento entre personas del mismo sexo. Y no es por lo bonito del amor que gays y lesbianas quieren casarse (habrá alguno que sí, claro) sino porque es denigrante que, viviendo en un país "primermundista" (ja), se los trate como ciudadanos de segunda, y se les nieguen derechos básicos.
Los miembros del Congreso hicieron eco a los reclamos, pero... la santa sede ha pedido a los funcionarios españoles católicos, que se nieguen a celebrar estas bodas, amparándose en la "objeción de consciencia".
No faltó más. Ya han salido mis buenos amigos del PP a demostrar, una vez más, el estado retrógrado de sus mentes. No tan sólo se han negado varios alcaldes del PP a casar a gays y lesbianas, sino que uno en particular, el alcalde de Pontons (Barcelona) se atrevió a alegar que él no los va a casar porque son "gente tarada".
Todo esto me lleva a pensar lo siguiente:
Que el alcalde en cuestión desayuna whisky.
Que los líderes del PP deberían, de una vez, dejar de jugar con los discursos, frenar este ímpetu facho que varios de sus dirigentes tienen y pedir públicas disculpas.
Que es muy peligroso que la iglesia católica reconozca el derecho canónico como primera ley, porque España es un estado de derecho, y lo que nos rige a los que aquí vivimos es la Constitución y, en consecuencia, el corpus legal.
A esta altura de la historia, me parece patético que todavía exista gente que se crea con el derecho a menospreciar a la gente por sus preferencias a la hora de acostarse con alguien.
En fin, que pudiendo dar un ejemplo de civismo, tolerancia e inteligencia, varios españoles han decidido mostrar la hilacha y dejar ver su peor cara, una cara, que si fuera mía, me avergonzaría.
Recientemente, el Congreso español aprobó el proyecto de ley que permite el casamiento entre personas del mismo sexo. Y no es por lo bonito del amor que gays y lesbianas quieren casarse (habrá alguno que sí, claro) sino porque es denigrante que, viviendo en un país "primermundista" (ja), se los trate como ciudadanos de segunda, y se les nieguen derechos básicos.
Los miembros del Congreso hicieron eco a los reclamos, pero... la santa sede ha pedido a los funcionarios españoles católicos, que se nieguen a celebrar estas bodas, amparándose en la "objeción de consciencia".
No faltó más. Ya han salido mis buenos amigos del PP a demostrar, una vez más, el estado retrógrado de sus mentes. No tan sólo se han negado varios alcaldes del PP a casar a gays y lesbianas, sino que uno en particular, el alcalde de Pontons (Barcelona) se atrevió a alegar que él no los va a casar porque son "gente tarada".
Todo esto me lleva a pensar lo siguiente:
Que el alcalde en cuestión desayuna whisky.
Que los líderes del PP deberían, de una vez, dejar de jugar con los discursos, frenar este ímpetu facho que varios de sus dirigentes tienen y pedir públicas disculpas.
Que es muy peligroso que la iglesia católica reconozca el derecho canónico como primera ley, porque España es un estado de derecho, y lo que nos rige a los que aquí vivimos es la Constitución y, en consecuencia, el corpus legal.
A esta altura de la historia, me parece patético que todavía exista gente que se crea con el derecho a menospreciar a la gente por sus preferencias a la hora de acostarse con alguien.
En fin, que pudiendo dar un ejemplo de civismo, tolerancia e inteligencia, varios españoles han decidido mostrar la hilacha y dejar ver su peor cara, una cara, que si fuera mía, me avergonzaría.





